Temor en ciudad santafesina por «La Llorona»: «El lamento es desgarrador», dicen. Videos

«Un llanto espectral, desgarrador, como de mujer», dicen los testigos que se multiplican y hablan de las reiteradas apariciones y llantos que se escuchan por las noches en diferentes zonas de la ciudad de Rincón en Santa Fe. Videos

Un llanto espectral, desgarrador, como de mujer, dicen los testigos que se multiplican por estas horas, a la velocidad que permiten las redes sociales, la imaginación, las tradiciones orales y hasta el sentido del humor. En Rincón ya hay memes sobre La Llorona y hay gente dispuesta realmente a darle caza. El miedo de los rinconeros se corporiza en La Llorona, que hoy tanto puede ser acusada de romper la cuarentena, como de imponerla. El recurrente asustador, esa sería su modesta falta, cuenta con la complicidad de todos los perros del pueblo, que ante el primer llanto se suman, en una jauría de aullidos lobunos pero domésticos. En la zona del eucaliptal donde se corrían las cuadreras, en el barrio La Loma donde mataron a fulano, en La Acería cerca de la fábrica a donde trabajaba muchísima gente, sobre el terraplén para el lado de la Toma Vieja, por donde estaba la vía… Todos los testimonios giran en torno al Cementerio.
Algunos rinconeros, incluso, le ponen su nombre y apellido a los relatos. Por estas horas, en «San José del Rincón Web» suma piques y comentarios el testimonio en primera persona del quinchero El Indio, sobre la noche del lunes 13. Abundan los videos caseros en los que las manos del asustado tiemblan demasiado (imposible saber si quien llora no lo hace entre risas a metros del cazafantasmas) y también quienes han tomado al asunto en serio, y ya miran de reojo su escopeta. Por lo pronto, La Llorona parece dividir aguas entre rinconeros de cuna y los nuevos vecinos, otrora ocasionales veraneantes, que tanto se han sumado en las últimas décadas. Acaso de éstos provengan acertados comentarios sobre «La Llorona», porque si hay alguien que tiene derecho a la autopercepción de su género es Ella, de quien siempre se ha dicho que es un hombre disfrazado o algo peor. Tanto en términos sobrenaturales, como carnales. Los contornos sexuales de un largo vestido estropeado, el presunto sátiro que habita al personaje, la seducción de los cabellos largos y negros. Todo suma sobre las calles de arena. En la zona asfaltada los rumores llegan lejanos. «Es la época, no hay que asustarse», dice un experto que pertenece a la élite de las familias que pueden recorrer su árbol genealógico sin ir más que hasta La Guardia o el Leyes, y que por lo tanto tiene derecho a explicarles las cosas a los recién llegados. Lo expresa en un grupo de WhatsApp de vecinos creado hace años, en el barrio La Acería, ante la inseguridad.
Tanto atribuye cierta estacionalidad al fenómeno, a las primeras noches frías, al Sol apenas tibio del otoño, a las soledades grises de las cenizas dormidas que dejó el verano, como a la recurrencia de los llantos que hacen crujir el pecho de los más corajudos en tiempos de crisis. La Llorona era más temida años atrás, en la paz de los cementerios de la segunda mitad de los ’70, y siempre ante cada inundación hizo de las suyas. En esas épocas aparece.

El litoral

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